IV.
Un móvil no se mueve ni en el lugar en que se encuentra ni en el que no se encuentra.
Sábados de 15 a 19hs. -Bacacay 1600 - Estación de los Deseos - Playa de Cargas Caballito
sábado, 25 de abril de 2009
sábado, 11 de abril de 2009
José Orlandini -Minirelatos
SITUACION DE LAS AVES DE CORRAL
En Buenos Aires no hay piedad para las gallinas.
¡ A poner la cabeza que se viene el hachazo!
Pero no con el filo, con la maza se la revientan.
Y el ojo que te mira como diciendo
¿y este qué..?
Pero dura un segundo el ojo y ya la sangre te salpicó la cara.
Los porteños estamos llenos de sangre.
.
En Buenos Aires no hay piedad para las gallinas.
¡ A poner la cabeza que se viene el hachazo!
Pero no con el filo, con la maza se la revientan.
Y el ojo que te mira como diciendo
¿y este qué..?
Pero dura un segundo el ojo y ya la sangre te salpicó la cara.
Los porteños estamos llenos de sangre.
.
José Orlandini
FUGA DE NUEVA YORK
El túnel dejaba filtrar por el techo un agua viscosa, que corría por las paredes y formaba charcos en el piso.
Avanzamos guiados por la insegura luz de la linterna que Miguel ha podido salvar y que lleva en una mano mientras con la otra trata de afirmarse.
Era inevitable que metiera el pie en un pozo y cayera a lo largo, dejándolos en la oscuridad.
¿Cómo vamos a seguir?- le reprocho.
Sin embargo continuamos avanzando y soy yo el que ahora va tanteando las paredes, mientras lo arrastro.
¡Perdóneme, Armando! ¡Perdóneme!- suplica.
-Vamos que falta poco, le digo para alentarlo, tironeándolo cada vez que se detiene.
Ahora llega un ruido de algo muy grande, pesado, un olor que se arrastra.
¡Cómo imaginar que el túnel tenía un guardián!
Miguel tira hacia atrás, quiere retroceder
-¿Quiere volver? ¿Se acuerda de lo que nos espera allá ?- le advierto, y lo obligo a seguir.
Miguel está como muerto, se ha dado cuenta que para adelante o para atrás es el mismo espanto. Entonces le doy un empujón bien fuerte.
Ahora el Guardián está comiendo y yo paso despacio, pegado a la pared.
Después corro, corro sin ver.
La Ciudad va quedando atrás.
El túnel dejaba filtrar por el techo un agua viscosa, que corría por las paredes y formaba charcos en el piso.
Avanzamos guiados por la insegura luz de la linterna que Miguel ha podido salvar y que lleva en una mano mientras con la otra trata de afirmarse.
Era inevitable que metiera el pie en un pozo y cayera a lo largo, dejándolos en la oscuridad.
¿Cómo vamos a seguir?- le reprocho.
Sin embargo continuamos avanzando y soy yo el que ahora va tanteando las paredes, mientras lo arrastro.
¡Perdóneme, Armando! ¡Perdóneme!- suplica.
-Vamos que falta poco, le digo para alentarlo, tironeándolo cada vez que se detiene.
Ahora llega un ruido de algo muy grande, pesado, un olor que se arrastra.
¡Cómo imaginar que el túnel tenía un guardián!
Miguel tira hacia atrás, quiere retroceder
-¿Quiere volver? ¿Se acuerda de lo que nos espera allá ?- le advierto, y lo obligo a seguir.
Miguel está como muerto, se ha dado cuenta que para adelante o para atrás es el mismo espanto. Entonces le doy un empujón bien fuerte.
Ahora el Guardián está comiendo y yo paso despacio, pegado a la pared.
Después corro, corro sin ver.
La Ciudad va quedando atrás.
domingo, 5 de abril de 2009
jueves, 26 de marzo de 2009
Horacio Quiroga
Manual del perfecto cuentista
I.- Cree en el maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.
II.- Cree que tu arte es una cima inaccesible. No sueñes en dominarla. Cuando puedas hacerlo lo conseguirás, sin saberlo tú mismo.
III.- Resiste cuanto puedas a la imitación; pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que cualquier otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una ciencia.
IV.- Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
V.- No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia que las tres últimas.
VI.- Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia; "desde el río soplaba un viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla.
VII.- No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él, solo, tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
VIII.- Toma los personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta; aunque no lo sea.
IX.- No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
X.- No pienses en los amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento.
En El Hogar, Buenos Aires, 10 de abril, 1925
I.- Cree en el maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.
II.- Cree que tu arte es una cima inaccesible. No sueñes en dominarla. Cuando puedas hacerlo lo conseguirás, sin saberlo tú mismo.
III.- Resiste cuanto puedas a la imitación; pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que cualquier otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una ciencia.
IV.- Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
V.- No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia que las tres últimas.
VI.- Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia; "desde el río soplaba un viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla.
VII.- No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él, solo, tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
VIII.- Toma los personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta; aunque no lo sea.
IX.- No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.
X.- No pienses en los amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento.
En El Hogar, Buenos Aires, 10 de abril, 1925
martes, 24 de marzo de 2009
A 33 años del golpe militar del Horror
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