lunes, 14 de diciembre de 2009

Nuestra sala de lectura tiene nombre:


Proyecto BPT 2010

Biblioteca popular del Tren
Estación de los Deseos – Playa de cargas Caballito

En el marco del 105 Aniversario de la Playa de Cargas Caballito
–Espacio Histórico –
Dentro de la conmemoración del Bicentenario de la América repúblicana
…………………………….
La BPT nace en el año 2003, en el barrio de Almagro, insertándose en el proyecto de IMPA, fábrica recuperada. Con la propuesta de construir un espacio abierto, solidario, democrático que permita la posibilidad de la lectura y lugar de encuentro donde sea posible compartir y socializar saberes y destrezas.
En el año 2007, se traslada a la “Estación de los Deseos – Playa de cargas Caballito”, y cuenta con sala de libros y lectura, además de la disponibilidad de otros espacios para encuentros y ciclos dentro de la Estación.

El programa:
§ Compartir y socializar además de los libros, los saberes y las destrezas.
§ Centralizar la discusión en la cultura argentina y americana, acercándonos a su historia y su literatura.
§ Proponemos la creación de grupos de investigación.
§ La BPT es un aporte para generar un lugar de conocimiento alternativo.

Proyecto BPT 2010

Eje: Visión del “desierto” en la construcción de la Nación Argentina.

En el marco del Bicentenario buscar los mecanismos que llevaron a la utilización del tópico del “desierto” como medio de aniquilación del indio, habitante de estas tierras.

— Buscamos debatir la idea de “desierto” como lugar “deshabitado, despoblado o vacío”.
— Dimensionar el uso ideológico del tópico “desierto” como justificador del exterminio del indio.
— Reflexionar sobre la “construcción histórico, social y política” del tópico “desierto”.

§ Nueve encuentros en los cuáles se invitara a exponer y debatir a diferentes personalidades: dos historiadores, un sociólogo, un político, un escritor, un crítico literario, un poeta, un artista plástico, y cerrando el año un encuentro debate.
§ La presentación de dos películas y un documental, proyectados en el ciclo de cine “Constelación latinoamericana” que desarrolla nuestra biblioteca.

Los encuentros se realizarán el cuarto sábado de cada mes, a partir de marzo de 2010

Informes:
grupo_biblioteca@yahoo.com.ar / w.bibliotecapopulardeltren.blogspot.com

viernes, 11 de diciembre de 2009

105 Aniversario de la Playa de Cargas Caballito - Espacio Histórico -


Biblioteca
Popular
del
Tren
BPT

Acercate a la BPT

* Taller literario "saltando de texto en texto"

* Grupo de investigación

* Constelación latinoamericana - ciclo de cine -


viernes, 30 de octubre de 2009

Lucio Victorio Mansilla (1831-1913)

Lucio Victorio Mansilla (1831-1913)

Se coloca cronológicamente dentro de la segunda generación romántica llamada “generación del 80”.
Como era corriente en los escritores del siglo XIX, Mansilla pertenecía a una de las familias más encumbradas del país. Su abuelo había luchado y muerto en la defensa de Buenos Aires en 1806; y su padre, Lucio Mansilla había luchado en la Independencia y se había destacado en las luchas civiles del litoral. Ocupó la gobernación de Entre Ríos y alcanzó el grado de general, y a ejercer una diputación en el Congreso de 1824. Viudo, contrajo matrimonio con la hermana menor de Juan Manuel de Rosas, Agustina Ortiz de Rosas, joven de 15 años de notable belleza, que el 23 de diciembre de ese mismo año de 1831, dio a luz a Lucio Victorio.
El escritor era sobrino de Juan Manuel de Rosas, y vivió su infancia en Buenos Aires bajo la influencia del hombre más poderoso del país.
Enamorado de una de sus primas es enviado por su madre al asiento militar de su padre. Su padre lo instala en un saladero y decide que sea saladerista. Sorprendido leyendo El Contrato Social de Rousseau, su padre advierte estas inquietudes y comprende que su hijo no es un hombre para dirigir un saladero. A los 17 años emprende viaje a la India, donde se lo envía en viaje de negocios. Hizo de todo, menos los negocios que le encargaron. Viaja luego a Europa, visitando de paso Constantinopla. En París, que desde entonces será el centro de sus viajes y de sus preferencias, se dedica a la vida galante. Viaja a Londres. Corre el año de 1851 y llegan de Buenos Aires noticias inquietantes. Mansilla decide regresar.
A fines de 1851 está en Buenos Aires. Visita a su tío Rosas, y muy luego sobreviene Caseros. Su padre resuelve partir con sus hijos Lucio Victorio y Lucio Norberto al extranjero. Viajan hasta Río de Janeiro con Sarmiento. Se separan. Sarmiento sigue viaje hacia Chile y los Mansilla hacia París. Gastan el dinero a raudales, y regresan a Buenos Aires en agosto de 1852, dejando a Lucio Norberto en París, donde morirá trágicamente.
En Buenos Aires, Lucio cumple sus viejos sueños de amor con su prima de Chascomús, Catalina de Rosas y Almada. Contrae matrimonio con ella el 18 de setiembre de 1853.
En sus andanzas por Paraná, cruza a Santa Fe y se hace periodista. Vuelve a Paraná en 1857, y se hace cargo allí de El Nacional Argentino y dirige también las impresiones oficiales.
Agasaja a las personalidades de la Confederación, es secretario de Del Carril, vicepresidente del gobierno de Urquiza. Las fuerzas de Buenos Aires y la Confederación vuelven a enfrentarse en Pavón, y Mansilla se incorpora al ejército como “capitán de guerra”. El 17 de setiembre de 1861 actúa como subjefe del segundo batallón de las fuerzas de Buenos Aires, y el 28 de octubre es ascendido a capitán de línea.
Traduce obras del francés, y en 1864 prueba suerte en el teatro, con una pieza, Atar Gull o Una venganza africana. Insiste en el teatro con Una tía. Con su amigo íntimo Dominguito Sarmiento traduce París en América, de Laboulaye. Viaja a Chile, en 1864, con una misión diplomática, descuella en los salones elegantes de Santiago, y a su regreso estalla la guerra del Paraguay, en la que interviene alcanzando el grado de coronel. Simultáneamente siguió actuando como periodista, granjeándose la enemistad del ministro Gelly y Obes, que llega a acusarlo de “traidor”. En 1866 es herido en Curupaity, donde muere Dominguito, su amigo entrañable. Repuesto, Gelly y Obes lo envía con su batallón a sofocar una revuelta en Cuyo, que se apaga sin necesidad de que Mansilla intervenga. Regresa al Paraguay, donde interviene en la batalla de Humaitá. Sarmiento le escribe pidiéndole su amistad “en nombre de nuestro dolor común”. De regreso a Buenos Aires, trabaja para la candidatura de Sarmiento, de la que espera altos puestos. Pero Sarmiento no lo incluye en su gabinete, limitándose a restituirle su mando militar, que Gelly y Obes había terminado por quitarle. Parte a Río Cuarto como comandante de frontera, en el año 1886. Militar y diplomático ante las tribus de los indios Ranqueles, Mansilla trata de establecer la paz, lleva a cabo con éxito la tarea encomendada por Sarmiento de extender la línea de frontera hasta el Río Quinto.
El propósito de Mansilla es luchar por la asimilación de los indios a la vida civilizada, política que se opone a la de su eliminación, que es la que se venía siguiendo desde la invasión y usurpación de los españoles a su llegada a América. Viaja a Leubucó, la capital de la nación Ranquel, con un grupo de 19 hombres. Se entrevista allí con el cacique ranquel Mariano Rosas, y de resultas de todas estas experiencias surge su libro más famoso, Una excursión a los indios ranqueles. Tiene dificultades con el gobierno. El ministro Gainza —el mismo de que habla Martín Fierro— lo destituye y pasa a revistar en la Plana Mayor Disponible, sin goce de sueldo.
De regreso a Buenos Aires, vuelve al periodismo. Redacta en forma de cartas a su amigo Santiago Arcos las experiencias de frontera que luego constituirán su famoso libro sobre los Ranqueles. Estas cartas se publican en La Tribuna.
Las ideas políticas de Mansilla respecto del indio y de los asuntos civiles —entre ellos la guerra contra López Jordán— seguían siendo en el fondo las de un federal. Le irritaba el cruel e injustificado exterminio sistemático del indio y la prepotencia absorbente de la oligarquía porteña. Eso irrita, por el año de 1870, al gobierno de Gainza junto a Gelly y Obes y hasta al mismo Sarmiento.
En 1871 Buenos Aires cae bajo la peste amarilla, que le arrebata a su padre y a su hijo mayor. El 4 de abril es atacado a balazos en plena calle, pero se repone de sus heridas.
Mansilla interviene activamente en la campaña política de su amigo Nicolás Avellaneda. Participa de los problemas políticos de la época, es otra vez comandante de las fuerzas en la provincia de Córdoba y Jefe del Estado Mayor del ejército de reserva.
Asiste al éxito de Una excursión… premiada por el Congreso Internacional de París y reeditada con éxito en Leipzig.
En 1876 ocupa una banca en la Cámara de Diputados por el partido autonomista de Buenos Aires. Se hace nombrar por Avellaneda gobernador del Chaco, pues siguiendo una vieja obsesión ha formado una compañía anónima para explotar los yacimientos auríferos del Paraguay, y en esta región trabaja activamente en su negocio sin descuidar sus deberes públicos. La oposición afirma que Mansilla luego de vender sus acciones emprende viaje a Europa, donde residían ya su familia y su hermana Eduarda.
El resto de su vida lo pasó entregado a una lucha política sostenida por altas ambiciones a las que se creía acreedor por su apellido y su talento. Pero la frustración perpetua de estas ambiciones constituyó sin duda el fondo amargo de su actitud siempre irónica y de su prosa por momentos mordaz.

Duelista y versátil político

De regreso a Buenos Aires, renuncia a la gobernación del Chaco y alistado en el roquismo, envuelto siempre en polémicas, disputas, acusaciones y contra acusaciones, debe batirse en duelo con Pantaleón Gómez, que fuera desplazado por él en el Chaco cuando asumió la gobernación. Gómez tenía fama de temible duelista, pero la valentía y el honor de Mansilla habían sido puestos en duda. Este exigió el duelo, y la bala de Mansilla atravesó el corazón de Gómez.
Roca sube al poder en 1880 no sin graves tumultos entre provincianos y porteños que dejaron en las calles más de tres mil cadáveres. Mansilla había trabajado por la candidatura de Roca tanto como lo había hecho por la de Sarmiento y Avellaneda. Sin embargo, como en los casos anteriores, recibió de Roca menos de lo que esperaba. Se lo envió a Europa para estudiar las posibilidades inmigratorias de algunos países, y representar al país en algunos congresos. La empresa, sin embargo, fracasa, y viaja con dineros de la nación.
Nuevamente se bate en duelo “por razones personales”, con un señor Mayende, también con desenlace trágico, pues su contrincante muere.
Luego de unas disputas con Roca que le valen un arresto por desacato, Mansilla evoluciona enseguida hacia el juarismo. Juárez Celman será su próxima esperanza. Le reprochan su versatilidad política, su transito de opositor de Roca a partidario, ahora, del presidente roquista Juárez Celman. Responde en una sesión de la Cámara de 1888: “Yo creo que un hombre que piensa más de seis meses de la misma manera no puede pretender que no está equivocado”. Esta boutade es festejada por todo el mundo. Mansilla brilla ahora en los salones de su hermana Eduarda, a los que concurre lo más granado de la intelectualidad, la política, los negocios y las esferas militares porteñas. Es aquí donde nacen sus famosas causeries, reflejo de la conversación brillante y del ingenio que se despliega en estas tertulias, y que empieza a publicar ese mismo año de 1888 en el diario Sud América con el título de Causeries de los jueves.
Sáenz Peña es presidente. Mansilla se adhiere a él públicamente, pero la política parece rechazarlo. Sigue alimentando ambiciones, sueños, el más módico el de reingresar simplemente en la Cámara. Pero el triunfo de la Unión Cívica Radical en 1894 significa el fin de sus ilusiones políticas y la terminación de su carrera en este sentido. Aunque luego de la renuncia de Sáenz Peña y el ascenso de Uriburu volvió a soñar con un ministerio… Uriburu resolvió un viaje a Europa. El pretexto, estudiar la organización militar de varios países. Otra vez… Londres, París, Madrid, Roma… En 1897 está de regreso en Buenos Aires, trae los informes y, dos meses después vuelve a embarcarse. En París se encuentra con Eduardo Wilde, pero pronto parte a Atenas para estudiar la conflagración greco-turca. De Atenas pasa a Constantinopla, de aquí a Budapest y luego París. Trabaja en su libro sobre Rosas, y piensa en obtener una embajada. Regresa a Buenos Aires y conoce a bordo a una joven señora, Mónica Torromé, viuda de Huergo, le dobla la edad pero se enamora de ella. En febrero de 1899, se casa en Londres con Mónica Torromé. Viaja a Berlín, regresa a Buenos Aires, infatigable y eterno viajero, y vuelto a embarcar se dirige por segunda vez a Rusia. Es recibido por el Zar, como antes lo fuera por el Emperador Francisco José. Se siente ya un expatriado. En la Argentina, todo cambia. Han irrumpido al poder nuevas fuerzas, nuevas masas se agitan. Ya el país no es dirigido por las minorías selectas que fueron el círculo de sus amistades. Se dirige al fin a París. Se dedica a escribir sus Memorias, y a la vez vuelve sobre sus trabajos anteriores, regresa a Buenos Aires cuando Quintana toma la presidencia, otra vez a París, un nuevo regreso en 1907, esta vez el último. Nuevamente en Francia, sigue mandando sus crónicas a El Diario de Láinez. Hasta que lo postró la enfermedad en 1911, siguió llevando una vida activa. Mientras pudo andar su figura fue habitual en los museos y exposiciones, así como en las aulas de la Sorbona. Octogenario y ciego, murió en el mismo París el 8 de octubre de 1913.

Fuente:
Rodolfo Vinacua. Lucio V. Mansilla. Capítulo, La historia de la literatura argentina. Centro editor de América Latina, Buenos Aires, 1980. Fascículo Nº 26.

jueves, 22 de octubre de 2009

habría abierto la puerta

Habría abierto la puerta si no supiera que allí me esperaba
y estaba sentada, con las piernas cruzadas, un poco triste
pero resolví no entrar y deje que las cosas no sucedieran
me aleje caminando, me aleje y perdí el momento de gozo,
el instante sublime antes de despertar.
C.G.

Nada espero aquí sentado

Nada espero aquí, sentado con los brazos caídos, de esta tarde que declina
sentado en un banco de una plaza perdida en esta ciudad encantadora
encantanda de ramos esparcidos de flores marchitas en baldes abandonados
y se dice las seis y treinta cinco, eso y el tiempo que designa el silencio
de un cuerpo, mi cuerpo dejado así al desvarío de la nada
rozando apenas el pavimento que acalora los pies
zapatos de cuero y goma viejos ladeados desgastados
y eso que pasa no es más que una persona que me dice basura
vago hambriento, mirada meticulosa que ausculta los latidos
de la ciudad que declina en la tarde que simplemente declinamos
pero él se lo miente y deja de mirar
C.G.

martes, 20 de octubre de 2009

"Fantasmagoría" - Fernando Meana

En el hospital Alvarez ocurren hechos paranormales

Resulta ser que en el "hospital de día" turno mañana, hay un armario de color indefinido que tiene vida propia y la personalidad de una persona muy reservada. Cuando están los pacientes nada dice; cuando los profesionales y los pacientes lo miran al mismo tiempo se queda inmóvil, o sea, se queda quieto en su lugar, pero lo extraño es que pareciera que cambia a un color tal que se vuelve casi transparente. Fenómeno que es muy frecuente, ya que todos miran al armario al mismo tiempo sentados desde sus butacas cercanas en algún momento del taller.
Un día apareció en un lugar muy poco frecuente para un armario. Estaba escondido atras de una estructura, con el candado sin cerrar y con las puertas abiertas de par en par. Las cosas que estaban adentro no estaban en su lugar original, todo estaba cambiado de sitio.
El armario, pobrecito siempre cumplió funciones sólo para el turno mañana, sus beneficiarios. Pero él deseaba también cumplir funciones para el "turno tarde", por eso aquella tarde cuando todos se fueron, no pudo aguantar más y comenzó a moverse, muy emocionado, hasta el sitio donde los pacientes del último turno realizan sus talleres. En el movimiento se le cayó el mate, la yerba y el tarro del azúcar al piso. Él pensaba que nadie notaría que se había movido.
Al ruido de una puerta, el armario se quedó quieto, pero ahí se dió cuenta que se le habían caído el mate, la yerba y el azúcar. Entró la empleada de limpieza que se había olvidado una bolsa, y vió el desorden de las cosas caídas en el piso, pensó que esto no estaba antes porque ella ya había hecho la limpieza en aquel salón. El armario se quedó quieto y la empleada colocó de nuevo las cosas adentro y cerró la puerta. Se olvidó pasar el candado y cerrarlo con llave. El armario sintió temor de ser descubierto y estuvo ahí un largo rato. Se dió cuenta que el candado estaba sin llave y que se podría abrir de nuevo la puerta, y se quedó allí, detrás del biombo metálico intentando camuflarse toda la noche, por si alguien más entraba y lo veía allí.

Continua....

martes, 13 de octubre de 2009

El equilibrio

El difícil arte de la equilibrada cuesta tanto como querer correr sin ir muy rápido.
Es mejor el sentimiento adverso de la posición oblicua.
No vale nada esperar sentado que la piedra diga algo, más vale levantarla y arrojarla.
En el acto está el movimiento.
Y moverse es tan difícil como mantenerse en equilibrio.
Nada es nada, porque sólo se está en este momento una sola vez.
No hay dos cosas para un ahora inmediato. Una es y se basta por sí sola.
La mano siente la piedra, la cala, la calza y en un instante siente su energía
que vibra cuando es arrojada.
Basta arrojarse para sentir el vuelo.

martes, 15 de septiembre de 2009

¿Cuál es el funcionamiento de una biblioteca popular?

sábado, 20 de junio de 2009

Esteban Echeverría - Apología del matambre

Apología del matambre

Un extranjero que ignorando absolutamente el castellano oyese por primera vez pronunciar, con el énfasis que inspira el nombre, a un gaucho que va ayuno y de camino, la palabra matambre, diría para sí muy satisfecho de haber acertado: éste será el nombre de alguna persona ilustre, o cuando menos el de algún rico hacendado. Otro que presumiese saberlo, pero no atinase con la exacta significación que unidos tienen los vocablos mata y hambre, al oírlos salir rotundos de un gaznate hambriento, creería sin duda que tan sonoro y expresivo nombre era de algún ladrón o asesino famoso. Pero nosotros, acostumbrados desde niños a verlo andar de boca en boca, a chuparlo cuando de teta, a saborearlo cuando más grandes, a desmenuzarlo y tragarlo cuando adultos, sabemos quién es, cuáles son sus nutritivas virtudes y el brillante papel que en nuestras mesas representa.
No es por cierto el matambre ni asesino ni ladrón; lejos de eso, jamás que yo sepa, a nadie ha hecho el más mínimo daño: su nombradía es grande; pero no tan ruidosa como la de aquéllos que haciendo gemir la humanidad, se extiende con el estrépito de las armas, o se propaga por medio de la prensa o de las mil bocas de la opinión. Nada de eso; son los estómagos anchos y fuertes el teatro de sus proezas; y cada diente sincero apologista de su blandura y generoso carácter. Incapaz por temperamento y genio de más ardua y grave tarea, ocioso por otra parte y aburrido, quiero ser el órgano de modestas apologías, y así como otros escriben las vidas de los varones ilustres, trasmitir si es posible a la más remota posteridad, los histórico-verídicos encomios que sin cesar hace cada quijada masticando, cada diente crujiendo, cada paladar saboreando, el jugoso e ilustrísimo matambre.
Varón es él como el que más; y si bien su fama no es de aquéllas que al oro y al poder prodiga la rastrera adulación, sino recatada y silenciosa como la que al mérito y la virtud tributa a veces la justicia; no por eso a mi entender debe dejarse arrinconada en la región epigástrica de las innumerables criaturas a quienes da gusto y robustece, puede decirse, con la sangre de sus propias venas. Además, porteño en todo, ante todo y por todo, quisiera ver conocidas y mentadas nuestras cosas allende los mares, y que no nos vengan los de extranjis echando en cara nuestro poco gusto en el arte culinario, y ensalzando a vista y paciencia nuestra los indigestos y empalagosos manjares que brinda sin cesar la gastronomía a su estragado apetito; y esta ráfaga también de espíritu nacional, me mueve a ocurrir a la comadrona intelectual, a la prensa, para que me ayude a parir si es posible sin el auxilio del forceps, este más que discurso apologético.
Griten en buena hora cuanto quieran los taciturnos ingleses, roast-beef, plum pudding; chillen los italianos, maccaroni, y váyanse quedando tan delgados como una I o la aguja de una torre gótica. Voceen los franceses omelette souflée, omelette au sucre, omelette au diable; digan los españoles con sorna, chorizos, olla podrida, y más podrida y rancia que su ilustración secular. Griten en buena hora todos juntos, que nosotros, apretándonos los flancos soltaremos zumbando el palabrón, matambre, y taparemos de cabo a rabo su descomedida boca.
Antonio Pérez decía: "Sólo los grandes estómagos digieren veneno", y yo digo: "Sólo los grandes estómagos digieren matambre". No es esto dar a entender que todos los porteños los tengan tales; sino que sólo el matambre alimenta y cría los estómagos robustos, que en las entendederas de Pérez eran los corazones magnánimos.
Con matambre se nutren los pechos varoniles avezados a batallar y vencer, y con matambre los vientres que los engendraron: con matambre se alimentan los que en su infancia, de un salto escalaron los Andes, y allá en sus nevadas cumbres entre el ruido de los torrentes y el rugido de las tempestades, con hierro ensangrentado escribieron: Independencia, Libertad; y matambre comen los que a la edad de veinte y cinco años llevan todavía babador, se mueven con andaderas y gritan balbucientes: Papá... papá... Pero a juventudes tardías, largas y robustas vejeces, dice otro apotegma que puede servir de cola al de Pérez.
Siguiendo, pues, en mi propósito, entraré a averiguar quién es éste tan ponderado señor y por qué sendas viene a parar a los estómagos de los carnívoros porteños.
El matambre nace pegado a ambos costillares del ganado vacuno y al cuero que le sirve de vestimenta; así es que, hembras, machos y aun capones tienen sus sendos matambres, cuyas calidades comibles varían según la edad y el sexo del animal: macho por consiguiente es todo matambre cualquiera que sea su origen, y en los costados del toro, vaca o novillo adquiere jugo y robustez. Las recónditas transformaciones nutritivas y digestivas que experimenta el matambre, hasta llegar a su pleno crecimiento y sazón, no están a mi alcance: naturaleza en esto como en todo lo demás de su jurisdicción, obra por sí, tan misteriosa y cumplidamente que sólo nos es dado tributarle silenciosas alabanzas.
Sábese sólo que la dureza del matambre de toro rechaza al más bien engastado y fornido diente, mientras que el de un joven novillo y sobre todo el de vaca, se deja mascar y comer por dientecitos de poca monta y aún por encías octogenarias.
Parecer común es, que a todas las cosas humanas por más bellas que sean, se le puede aplicar pero, por la misma razón que la perspectiva de un valle o de una montaña varía según la distancia o el lugar de donde se mira y la potencia visual del que la observa.
El más hermoso rostro mujeril suele tener una mancha que amortigua la eficacia de sus hechizos; la más casta resbala, la más virtuosa cojea: Adán y Eva, las dos criaturas más perfectas que vio jamás la tierra, como que fueron la primera obra en su género del artífice supremo, pecaron; Lilí por flaqueza y vanidad, el otro porque fue de carne y no de piedra a los incentivos de la hermosura. Pues de la misma mismísima enfermedad de todo lo que entra en la esfera de nuestro poder, adolece también el matambre. Debe haberlos, y los hay, buenos y malos, grandes y chicos, flacos y gordos, duros y blandos; pero queda al arbitrio de cada cual escoger al que mejor apetece a su paladar, estómago o dentadura, dejando siempre a salvo el buen nombre de la especie matambruna, pues no es de recta ley que paguen justos por pecadores, ni que por una que otra indigestión que hayan causado los gordos, uno que otro sinsabor debido a los flacos, uno que otro aflojamiento de dientes ocasionado por los duros, se lance anatema sobre todos ellos.
Cosida o asada tiene toda carne vacuna, un dejo particular o sui generis debido según los químicos a cierta materia roja poco conocida y a la cual han dado el raro nombre de osmazomo (olor de caldo). Esta substancia pues, que nosotros los profanos llamamos jugo exquisito, sabor delicado, es la misma que con delicias paladeamos cuando cae por fortuna en nuestros dientes un pedazo de tierno y gordiflaco matambre: digo gordiflaco porque considero esencial este requisito para que sea más apetitoso; y no estará de más referir una anecdotilla, cuyo recuerdo saboreo yo con tanto gusto como una tajada de matambre que chorree.
Era yo niño mimado, y una hermosa mañana de primavera, llevóme mi madre acompañada de varias amigas suyas, a un paseo de campo. Hízose el tránsito a pie, porque entonces eran tan raros los coches como hoy el metálico; y yo, como era natural, corrí, salté, brinqué con otros que iban de mi edad, hasta más no poder. Llegamos a la quinta: la mesa tendida para almorzar nos esperaba. A poco rato cubriéronla de manjares y en medio de todos ellos descollaba un hermosísimo matambre.
Repuntaron los muchachos que andaban desbandados y despacháronlos a almorzar a la pieza inmediata, mientras yo, en un rincón del comedor, haciéndome el zorrocloco, devoraba con los ojos aquel prodigioso parto vacuno. "Vete niño con los otros", me dijo mi madre, y yo agachando la cabeza sonreía y me acercaba: "Vete, te digo", repitió, y una hermosa mujer, un ángel, contestó: "No, no; déjelo usted almorzar aquí", y al lado suyo me plantó de pie en una silla. Allí estaba yo en mis glorias: el primero que destrizaron fue el matambre; dieron a cada cual su parte, y mi linda protectora, con hechicera amabilidad me preguntó: "¿Quieres, Pepito, gordo o flaco?". "Yo quiero, contesté en voz alta, gordo, flaco y pegado", y gordo, flaco y pegado repitió con gran ruido y risotadas toda la femenina concurrencia, y dióme un beso tan fuerte y cariñoso aquella preciosa criatura, que sus labios me hicieron un moretón en la mejilla y dejaron rastros indelebles en mi memoria.
Ahora bien, considerando que este discurso es ya demasiado largo y pudiera dar hartazgo de matambre a los estómagos delicados, considerando también que como tal, debe acabar con su correspondiente peroración o golpe maestro oratorio, para que con razón palmeen los indigestos lectores, ingenuamente confieso que no es poco el aprieto en que me ha puesto la maldita humorada de hacer apologías de gente que no puede favorecerme con su patrocinio. Agotado se ha mi caudal encomiástico y mi paciencia y me siento abrumado por el enorme peso que inconsiderablemente eché sobre mis débiles hombros.
Sin embargo, allá va, y obre Dios que todo lo puede, porque sería reventar de otro modo. Diré sólo en descargo mío, que como no hablo ex-cátedra, ni ex-tribuna, sino que escribo sentado en mi poltrona, saldré como pueda del paso, dejando que los retóricos apliquen a mansalva a este mi discurso su infalible fallo literario.
Incubando estaba mi cerebro una hermosa peroración y ya iba a escribirla, cuando el interrogante "¿qué haces?" de un amigo que entró de repente, cortó el rebesino a mi pluma. "¿Qué haces?", repitió. Escribo una apología. "¿De quién?" Del matambre. "¿De qué matambre, hombre?" De uno que comerás si te quedas, dentro de una hora. "¿Has perdido la chaveta?" No, no, la he recobrado, y en adelante sólo escribiré de cosas tales, contestando a los impertinentes con: fue humorada, humorada, humorada. Por tal puedes tomar, lector, este largo artículo; si te place por peroración el fin; y todo ello, si te desplace, por nada.Entre tanto te aconsejo que, si cuando lo estuvieses leyendo, alguno te preguntase: "¿qué lee usted?", le respondas como Hamlet o Polonio: words, words, words, palabras, palabras, pues son ellas la moneda común y de ley con que llenamos los bolsillos de nuestra avara inteligencia

martes, 9 de junio de 2009

Las amigas

Las Amigas


Esta tarde extrañé a mis amigas. Durante el verano estuvieron viniendo todos los días y hoy no lo han hecho. Mis amigas no son así. Ellas, siempre avisaron cuando no tenían pensado venir. Es muy raro. Hoy, no me avisaron que no vendrían. No quiero pensar en que algo malo haya pasado. Ellas no suelen meterse en problemas. Tampoco hay razón para dudar de su responsabilidad. Aunque esta palabra no es la correcta, porque en lo que llevamos de amistad no es propiamente una responsabilidad el que ellas tengan que venir a visitarme todas las tardes. Ellas no son así. No dejan nada sin terminar. No me refiero a que nuestra amistad se haya debilitado, nada de eso. Más bien creo que la conversación de ayer no les haya caído bien. No era necesario que me refiriera a Cristóbal en los términos en que lo hice. Ellas no tenían razón en adjudicarme todos los chismes que se andan diciendo sobre mí y Cristóbal. Además no está bien que un hombre merodee cuatro mujeres solas. Nosotras siempre nos supimos ayudar y acompañar. Él llegó esa mañana diciendo que había pasado mucho tiempo y que estábamos todas muy guapas. Me miró a mí muy especialmente. Todas estuvieron muy celosas y me sacaron en cara mi sonrisa.

Te reías muy bobaliconamente -dijeron-.

Pasaron varios días y no me hablaron. Cristóbal dijo algo del padre. Que lo había abandonado sin dinero y sin apellido. Era un bastardo en un mundo lleno de bastardos. Nosotras no entendíamos mucho lo que decía. Yo estaba embobada mirándole los labios porque los movía de una forma muy especial. Sus ojos tenían algo que penetraba en uno y lo hacía estremecer. Sentí su mirada que poco a poco me iba envolviendo y que me alejaba cada momento más de allí.

El lunes que no vino a visitarnos, estuvimos en silencio toda la tarde hasta que llegó la hora de la cena. No transcurrían más los minutos y la cena se hizo interminable e intolerable. Todas tenían cara de odio. Sentí su odio en mí.

El jueves, el viernes y el sábado estuvimos podando y removiendo la tierra en el jardín. Toda la conversación estaba en las flores y en la tierra que era especialmente blanda. Se podía cavar fácilmente en el jardín. Las flores estaban especialmente bellas.

Cristóbal estuvo ausente de nuevo. Claro, yo me dije que él no había podido soportar tanta presión de ellas. Se me fue metiendo esta idea. Durante horas y horas sólo pensaba en eso. Seguramente ellas eran las culpables de que Cristóbal no estuviera más aquí, visitándonos como lo hacía todas las tardes.

Ya no tenía sentido seguir preparando las masitas dulces que tanto le gustaban a él.
Ellas no decían nada. Solamente se dedicaban a tomar el café y mirar cada masita que se metían a la boca. Se detenían, mirando, dándole la vuelta, mirándolas de lejos, de cerca. Era una ceremonia cada masita que iba a parar a sus bocas secas y odiosas.

Esta tarde extraño su silencio ponzoñoso, que me infundía más deseos de hacerlo. En el fondo sé que ya no van a venir más.

En el jardín las flores están creciendo con más fuerza y color. Ellas, al final siempre tuvieron buena savia para las plantas. No me extrañó que no vengan más a visitarme. Lo que espero ansiosa es que cuando regrese Cristóbal, no pregunte por ellas. No desearía que él también alimente las rosas de mi jardín.
-cuento-
cayetano guzmán

sábado, 25 de abril de 2009

Zenon

IV.

Un móvil no se mueve ni en el lugar en que se encuentra ni en el que no se encuentra.

sábado, 11 de abril de 2009

José Orlandini -Minirelatos

SITUACION DE LAS AVES DE CORRAL


En Buenos Aires no hay piedad para las gallinas.
¡ A poner la cabeza que se viene el hachazo!
Pero no con el filo, con la maza se la revientan.
Y el ojo que te mira como diciendo
¿y este qué..?
Pero dura un segundo el ojo y ya la sangre te salpicó la cara.
Los porteños estamos llenos de sangre.
.

José Orlandini

FUGA DE NUEVA YORK

El túnel dejaba filtrar por el techo un agua viscosa, que corría por las paredes y formaba charcos en el piso.
Avanzamos guiados por la insegura luz de la linterna que Miguel ha podido salvar y que lleva en una mano mientras con la otra trata de afirmarse.
Era inevitable que metiera el pie en un pozo y cayera a lo largo, dejándolos en la oscuridad.
¿Cómo vamos a seguir?- le reprocho.
Sin embargo continuamos avanzando y soy yo el que ahora va tanteando las paredes, mientras lo arrastro.
¡Perdóneme, Armando! ¡Perdóneme!- suplica.
-Vamos que falta poco, le digo para alentarlo, tironeándolo cada vez que se detiene.
Ahora llega un ruido de algo muy grande, pesado, un olor que se arrastra.
¡Cómo imaginar que el túnel tenía un guardián!
Miguel tira hacia atrás, quiere retroceder
-¿Quiere volver? ¿Se acuerda de lo que nos espera allá ?- le advierto, y lo obligo a seguir.
Miguel está como muerto, se ha dado cuenta que para adelante o para atrás es el mismo espanto. Entonces le doy un empujón bien fuerte.
Ahora el Guardián está comiendo y yo paso despacio, pegado a la pared.
Después corro, corro sin ver.
La Ciudad va quedando atrás.

jueves, 26 de marzo de 2009

Horacio Quiroga

Manual del perfecto cuentista

I.- Cree en el maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.

II.- Cree que tu arte es una cima inaccesible. No sueñes en dominarla. Cuando puedas hacerlo lo conseguirás, sin saberlo tú mismo.

III.- Resiste cuanto puedas a la imitación; pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que cualquier otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una ciencia.

IV.- Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V.- No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia que las tres últimas.

VI.- Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia; "desde el río soplaba un viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla.

VII.- No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él, solo, tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII.- Toma los personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta; aunque no lo sea.

IX.- No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

X.- No pienses en los amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento.


En El Hogar, Buenos Aires, 10 de abril, 1925

martes, 24 de marzo de 2009

A 33 años del golpe militar del Horror

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jueves, 19 de marzo de 2009

Poesía libre - Brasil



Sebastián y Florencia, estuvieron vacacionando por Brasil. Cada uno de los colectivos de línea que circulaban por el lugar, tenía en sus ventanillas una poesía. (Idea a tener en cuenta).


domingo, 15 de marzo de 2009

Miguel Briante

Serie: "Inicios de buena prosa"

Las Hamacas Voladoras
Falbo librero editor, Buenos Aires, 1964


Primer punto.
Movió la palanca y la gente empezó a girar. La cara de una chica. Un hombre gordo. Una vieja que con una mano se sujetaba el sombrero. Los demás, igual: aferrándose al borde de los asientos de madera. Los había mirado a todos, uno por uno, mientras le entregaban el boleto: alguno tenía una lapicera dorada, sobresaliendo del bolsillito del saco, junto al pañuelo blanco; otro, una mancha en la camisa, junto a la corbata gastada; la vieja, una medalla con algún santo; acerca del gordo, no podía recordar si llevaba o no cadena; los ojos de la chica eran marrones y el pelo rubio, suelto. La primera vez que los miraba así. Todos se habrían despertado, esa mañana de domingo, pensando en la tarde, en el momento feliz de entrar al parque desplegando la sonrisa, la plata, de subir al tren fantasma, al látigo, a las hamacas voladoras. El, en cambio, se había despertado pensando: hoy va a ser distinto. Tres días que lo pensaba, tres mañanas eludiendo la cara del viejo, haciéndole trampas: poner cara de miedo pero burlarse para adentro de esos ojos ... (página 36, inicio del cuento Las Hamacas Voladoras).
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Miguel Briante nació en General Belgrano, Pcia. de Buenos Aires, en 1944. Murió allí mismo, el 25 de enero de 1995. A los diecisiete años ganó con su relato "Kincón" el Primer Premio del Segundo Concurso de Cuentistas Americanos (premio organizado por la revista El Escarabajo de Oro y que compartió con Piglia, Rozenmacher, Gettino y Villegas Vidal). Su primer libro de relatos, Las Hamacas Voladoras, fue publicado por Falbo Editor en 1964 y luego reeditado por Puntosur y Página/12. En 1993 Alfaguara publicó una nueva versión de su única novela, Kincón, originariamente aparecida en 1975 bajo el sello venezolano Monte Avila. Sus otros dos libros de relatos, muchos de los cuales forman parte de antologías del género, fueron Hombre en la orilla (Editorial Estuario, 1968), y Ley de juego (Folios Ediciones, 1983).Briante ejerció los oficios de periodista y crítico de arte. Aparte de los catálogos, críticas de arte en revistas internacionales y colaboraciones en medios como La Voz, Artinf y Vogue, entre 1967 y 1975 trabajó para Confirmado, Primera Plana, Panorama y La Opinión, entre 1977 y 1979 fue Jefe de Redacción de Confirmado, entre 1982 y 1984 fue Jefe de Redacción de El Porteño, y desde 1987 hasta su muerte estuvo a cargo de artes plásticas en Página/12. Los artistas argentinos también recuerdan su paso por el Centro Cultural Recoleta, primero como Asesor (1989-90), y luego como Director (1990-93).

domingo, 8 de marzo de 2009

Néstor Sánchez

"Fui un buen lector de poesía más que de novelas, pero no me fue dado el poema. Entonces opté por una escritura poemática, sin darle mucha importancia a la anécdota ni a los personajes, sino más bien al tono del libro, como si el libro en su totalidad fuese un poema: cada capítulo un verso".
Néstor Sánchez

Néstor Sánchez / Siberia Blues

Inauguramos esta serie de
"inicios de buena prosa"

Siberia Blues
Néstor Sánchez
Editorial Sudamericana, colección "el espejo", Buenos Aires, 1967
(novela)

1.
Empieza con una carga algo repentina de brigada en desuso, de guitarreros viudos hace miles de años: cuarto de siglo más tarde se hace extranjera pero nostálgica referencia a los bajos entonces mal iluminados de Villa Urquiza, en particular la franja urbana sin acceso posible para nadie que no hubiera nacido en la franja y donde la legendaria barra de Tomasol, la que defendía el criterio de frontera, mantuvo a cualquier precio de fuego sagrado del ocio: todo esfuerzo embrutece, toda tentativa para incorporarse a la caravana del sudor se relaciona con el resto de la ciudad marmota, inminente, sacudida por el hollín y los despertadores.
Enseguida, debido a una imprevista correción de la lente, entra en foco por aquellos tiempos: que un tanto deformado en el manoseo y las habladurías (ejemplo dos mujeres a media voz en las tinieblas de un comedor diario con la panera en el centro y las flores de papel), Natalio Ventura afónico, chueco de dicción, lea en su mismo piyama de abrigo el Kropotkin imborrable bajo la curva sin nubes que me decido por suficientemente azul y atrás, mientras todos venían hacia la quinta de Saavedra, la yegua blanca con sus patas traseras bien abiertas meando hacia algún largo corralón de sicilianos. A pesar de las deformaciones igual resulta una voz afónica la de Natalio guía y maestro durante los años heroicos, (...) -página 1-
...................................
Sánchez, Néstor.
Nació en Buenos Aires, 1932, y murió el 15 de abril del año 2003, en la vieja casona de Villa Pueyrredón donde había nacido. Novelista. Ejerció el periodismo. En 1966 publicó su primera novela Nosotros dos, donde ya anticipa las características significativas de su planteo literario: tendencia experimental, predominio de la expresión sobre el tema y un singular enfoque crítico de la realidad local. Siberia Blues (1967) acentúa esas características llevando la experimentación al límite. En los niveles de lenguaje reside su centro de interés narrativo y las realidades (personajes, situaciones) parten de ese mismo centro. Sus posibilidades técnicas llegan a mostrar características poco comunes en El amhor, los orsinis y la muerte (1969), donde el relato se expresa en la pluralidad de tiempos, modos y técnicas.
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Enciclopedia de la literatura argentina.
Dirigida por Pedro Orgambide y Roberto Yahni
Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1970
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viernes, 6 de marzo de 2009

Cielo D' Alcamo (1231-1250) Poesía medieval italiana

Madonna

Che 'l nostro amore ajungasi non boglio m' attalenti:
se ti ci trova páremo cogli altri miei parenti,
guarda non t' aricolgano questi forti correnti.
Como ti sappe bona la venuta,
consiglio che ti guardi a la partuta.


Dama

Que nuestro amor nos una no quiero ni deseo.
Si te encuentra mi padre con los otros parientes,
cuida que no te apresen, porque corren muy rápido.
Ya que te fue bien en la venida
te aconsejo que te cuides al partir.



Poesía medieval italiana
Antología bilingüe
Selección, traducción y notas de Oreste Frattoni
Biblioteca general. Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1978

Gatos piqueteros en marcha a plaza miserere


jueves, 5 de marzo de 2009

Bertolt Brecht

Poemas de amor

Sobre los poemas de Dante a Beatrice


Todavía sobre la fosa polvorienta
en que yace la que no pudo conseguir
por más que tantas veces husmeó su camino,
su nombre sigue estremeciendo el aire.

Pues él nos ordenó recordarla
al escribirle tales versos,
así que no nos queda más remedio en verdad
que prestar oídos a sus bellos elogios.

Ay, qué mala costumbre puso en marcha
cuando alabó con tan grandes elogios
lo que tan sólo vio y nunca probó.

Desde que él cantó con sólo verla
se tiene, lo que resulta bonito al cruzar la calle
y lo que nunca se moja, como deseable.


Über die Gedichte des Dante auf die Beatrice

Noch irnmer über der verstaubten Gruft
In der sie lieght, die er nicht haben durfte
So oft er auch um ihre Wege schlurte
Erschuttert doch ihr Name uns die Luft.

Denn er befahl uns, ihrer zu gedenken
Indem er solche Verse auf sie schrieb
DaB uns fürwahr nichts andres übrig blieb
Als seinem schönen Lob Gehör zu schenken.

Ach, welche Unsitt' bracht er da in Schwang
Als er mit so gewaltigem Lobe lobte
Was er nur angesehen, nicht erprobte.

Seit dieser schon beim bloBen Anblick sang
Gilt, was hübsch aussieht, wenn's die StraBe quert
Und was nie naB wird, als begehrenswert.

Bertolt Brecht
Poemas de amor
Selección de Elisabeth Hauptmann
Traducción de Vicente Florés, Jesús Munárriz y Jenaro Talens
Edición bilingüe, Poesía Hiperión, Madrid, 1998

miércoles, 4 de marzo de 2009

Nezahualcóyotl / Mexico -1402-1472

1. Destino del canto

Poneos de pie


¡Amigos míos, poneos de pie!
Desamparados están los príncipes,
yo soy Nezahualcóyotl,
soy el cantor,
soy papagayo de gran cabeza.
Toma ya tus flores y tu abanico.
¡Con ellos parte a bailar!
Tú eres mi hijo,
tú eres Yoyontzin.
Toma ya tu cacao,
la flor del cacao,
¡que sea ya bebida!
¡Hágase el baile,
comience el dialogar de los cantos!
No es aquí nuestra casa,
no viviremos aquí,
tú de igual modo tendrás que marcharte.

Nezahualcóyotl. Gobernante y poéta del México antiguo. Desde los últimos años del mundo indígena hasta nuestro tiempo, el rey poeta de Tezcoco ha sido una figura legendaria.
En Nezahualcóyotl se unían de manera excepcional las aptitudes a menudo irreconciliables del guerrero, el gobernante, el constructor, el sabio en las cosas divinas y el poeta, dentro de las características que estas actividades tenían en el mundo indígena.
Él fue un hombre que trascendió a su tiempo, por las indagaciones espirituales que formuló y por la organización administrativa y la estructura legal que dio a la vida de su pueblo y, singularmente, por las instituciones culturales que estableció, como fueron los archivos de los libros pintados, las escuelas y consejos superiores, las academias de sabios y poetas, las colecciones de flora y fauna, y aún por el cuidado de la lengua que distinguía a sus dominios.
Dentro del mundo Nahua del siglo anterior a la conquista, Nezahualcóyotl representa una tradición moral y espiritual, la herencia tolteca de Quetzalcóatl, que intentó oponerse a la concepción místico-guerrera de los aztecas.

Nezahualcóyotl. Vida y obra
José Luis Martínez
Biblioteca Americana
FCE (Fondo de cultura económica), México, 1972

(seguiremos publicando más poemas de Nezahualcóyotl)

Gato en la ventana


martes, 3 de marzo de 2009

Xoan Airas de Santiago / Cantigas de escarnio



Don Bieito, hombre duro,
fue a besar en lo oscuro
a mi mujer.

Como hombre aventurado,
la besó en lo ahuecado
a mi mujer.

Y ved que gran desventura:
¡la besó en la hendidura
a mi mujer!

Y ved que gran desafuero:
la besó en el agujero
a mi mujer.


Xoán Airas de Santiago. Segrel compostelano que anduvo en las cortes de Fernando III, Alfonso X, y en los primeros años de la corte de Don Denis; o sea, en toda la segunda mitad del siglo XIII, entre los reinos de Castilla y Portugal.

El tal don Bieito habría estado enamorado de la "señora" de Xoán Airas, a la que, según parece, el propio esposo vio -de la forma que lo dice la cantiga- correspondidas las pretensiones del galán. (...)

La forma de la cantiga es muy simple: dos versos octosílabos con rima pareada y el estribillo de un verso pentasílabo (hexasílabo en el original), es lo que conforma cada estrofa.

Poesía medieval galaicoportuguesa
Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1983

Don Luis de Góngora / Descripción de Galatea



Ninfa, de Doris hija, la más bella,
adora, que vio el rino de la espuma.
Galatea es su nombre, y dulce en ella
el terno Venus de sus Gracias suma.
Son una y otra luminosa estrella
lucientes ojos de su blanca pluma:
si roca de cristal no es Neptuno,
pavón de Venus es, cisne de Juno.

Purpúreas rosas sobre Galatea
la Alba entre lilios cándidos deshoja:
duda el Amor cuál más su color sea,
o púrpura nevada, o nieve roja.
De su frente la perla es, eritrea,
émula vana. El ciego dios se enoja,
y, condenado su esplendor, la deja
pender en oro al nácar de su oreja.

(Fragmento)
Fábula de Polifemo y Galatea
Luis de Góngora

Selección poética de Góngora
Editorial Kapelusz, Buenos Aires, 1983

Pierre Auguste Renoir / Mujer con gato


jueves, 26 de febrero de 2009

Alberto Moravia / "Pastiche"

"Pastiche"

Pastiche es una palabra francesa casi intraducible. El equivalente italiano sería "contraffazione" (contrahechura) o "imitazione" (imitación); pero el primer vocablo es demasiado violento, y el segundo demasiado descubierto. El escritor, o el pintor, o cualquier artista que sienta la tentación de hacer "pastiche", o sea una obra en que se contrahagan con habilidad el estilo, la manera, el tono y hasta el contenido de un determinado modelo, puede hacer obra elegantísima y en cierto modo autónoma, tan alejada de la grosería de la contrahechura como de la pasividad de la imitación. Además, es propia del "pastiche" una cualidad decorativa, regocijada, a veces irónica. El "pastiche" es una broma que se hace en serio y en que casi todo es gratuito, excepto la literatura. La inspiración del "pastiche" no viene de uno u otro sentimiento poético, sino de un enamoramiento o admiración que se experimenta por este o aquél artista genuino. Una inspiración de segundo o tercer grado, pero no por ello menos valedera. Los escritores (artistas) de "pastiches" son un poco como pájaros que ponen sus huevos en nidos ajenos.

(1942)
Alberto Moravia
"El hombre como fin"

Alberto Moravia / sobre La Prosa...

La presencia, la prosa

Cuando Stendhal hablaba de una prosa de Código Civil, no obedecía probablemente a una exigencia de sencillez (la prosa del Código Civil no es necesariamente sencilla; diría, antes bien, que donde las leyes lo requieren, es bastante complicada), sino sobre todo de perfecto dominio de la materia, vale decir la libertad. (...) Esta falta de libertad se manifestará de varias maneras. En el complacimiento del detalle, en la forzada fidelidad a los datos temporales y espaciales, en el contexto sintáctico que resultará compuesto de toques impresionistas dispuestos variadamente los unos junto a los otros (...)
La tensión y la lucidez de una prosa están en relación directa con la crueldad ejercida por la inteligencia sobre la materia. Pensemos en la crueldad de un Machiavelli, sobre todo en el Principe; crueldad en la que se basa en gran parte la acusación de inmoralidad que en todo tiempo se ha dirigido al escritor florentino. A su vez, la crueldad deriva de la resistencia de la inteligencia a sugestiones sentimentales de orden inferior. En el fondo de ciertas prosas decorativas, literarias, humanistas, tradicionales, educativas, agradables, siempre encontramos el compromiso. Compromiso formal redoblado por un compromiso humano.
En otras palabras, la prosa debería estar en relación directa con las más rigurosas y esenciales facultades lógicas del escritor. Debería ser la expresión de una sinceridad, más que completa, supremamente coherente, y por esto llevada al límite extremo de la fantasía. (...)

(1942)
Alberto Moravia
"El hombre como fin"
Editorial Losada, S.A.
Título del original italiano: L'uomo come fine e altri saggi
Buenos Aires, 1967

¿Cuál es tu opinión al respecto de estos parrafos del artículo de Moravia?

miércoles, 18 de febrero de 2009

Carlos Mastronardi

Las prácticas del cielo


Sobre la trama dulce
del temporal ropaje
que se vuelca a los pies
del infinito rey
esculpido en la piedra,
la vida se fatiga
y muere con delicia
y resurge fogosa.

No mejoran los tiempos
si lo nuestro es pensado
por la mente durable
del que ignora los años,
del animal supremo
que engendra numeroso,
con incansable furia,
para sentirse eterno.

Somos la vana fiebre
del varón incoherente
que tiene entre sus manos
un disco en cuyo extremo
de vértigo giramos,
y un ramo prodigioso
que mueve largamente
para animar los pechos.

La luz viene a querernos
cuando cierra los ojos
el monstruo perdurable
que se nutre de humanos.

Nos persigue y asedía
cuando se sabe pobre
de razón armoniosa
en el llanto del niño
y en amores mortales.

Espanto hay en el ojo
que perdura sin mundo,
y en la mano sin término
que busca poblaciones
en el humo y la sombra.
El extraviado rey
nos reclama su reino,
y levanta murallas
que abatimos nosotros.

Carlos Mastronardi

Aquiles niño


El tiempo breve te acaricia apenas,
por tu pequeña mano detenido,
pero a un hombre ignorado ya encadenas,
y antes de ser recuerdo eres olvido.

Un anónimo reino se vislumbra
desde tu alegre eternidad vacía,
y el pasado te espera en la penumbra.
Ningún dios te desteje todavía.

Frente a la infinitud, querido abismo,
se abre el duro pimpollo de ti mismo,
y en tierras que no pisas te construyes.

Prueba tu lengua la hoja nueva; el cielo,
recién mirado, te infundió su anhelo:
perdiendo a tu nombre te desligas y huyes.

Carlos Mastronardi
(Gualeguay - Entre Ríos - 1900-1976)

lunes, 16 de febrero de 2009

Clarín.com Edición Sábado 15.02.2003 » Revista Ñ »

Memorias de un provinciano

AL RESCATE DE CARLOS MASTRONARDI

Autor mítico y a la vez clandestino, Mastronardi fue una voz singular entre los vanguardistas de los 20. Traductor obsesivo y poeta, despreciaba la "facilidad obscena" de cierta lírica "sin plan ni sacrificio".

Opacada su figura por la de sus contemporáneos y amigos Borges y Juan L. Ortiz, y opacada también su obra por no responder a las convenciones de la época en la que fue escrita, Carlos Mastronardi es como una moneda cuyo valor sólo es comprendido por quienes están en materia. Parafraseando a George Steiner —quien hablaba del Borges de los años 50 en Europa—, Mastronardi es hoy algo clandestino, perteneciente a una minoría, que se transmite de una persona a otra a través de susurros, y cuyos devotos se reconocen mutuamente. Para muchos otros, en cambio, Mastronardi es un mito: el amigo entrerriano de Borges, el único interlocutor argentino de Gombrowicz, el curioso fotofóbico que sin embargo le cantaba a la luz, el verdadero traductor de las enseñanzas simbolistas en el Río de la Plata, el extraño caso del vanguardista antivanguardista, son algunos de los sinceros apotegmas que ocultan una obra que, salvo casos excepcionales (antes Juan Carlos Ghiano o Saúl Yurkievich, hoy Ricardo H. Herrera, o María Teresa Gramuglio) no es leída por nadie y que, de hecho, no circula desde 1982, cuando la Academia Argentina de Letras publicó un pequeño volumen titulado "Poesía completa", hoy fuera de catálogo (al que alude el poeta Luis Tedesco en la contratapa de esta edición).
De allí el interés y la expectativa que generó el Centro de Publicaciones de la Universidad Nacional del Litoral al dar a conocer recientemente —después de un año de dilaciones— que publicará la obra completa de Mastronardi. Fue Claudia Rosa, profesora y crítica entrerriana, quien llevó adelante el proyecto desde 1996: tal como ya había sucedido con la Obra Completa de J.L. Ortiz, también se sospechaba que la de Mastronardi estaba cargada de materiales inéditos. Entre ellos, su cuaderno de traducciones, que finalmente no fue encontrado entre sus papeles, y que incluía sus versiones inéditas de los Poemas en Prosa de Mallarmé, encargadas —según cuenta César Aira— por un editor y realizadas por el entrerriano con sus proverbiales minucia y parsimonia; tantas que cuando terminó el trabajo, la editorial había cerrado hacía décadas.
Lo que no se buscaba entre los papeles y sin embargo se encontró fue una serie de hojas sueltas, señaladas con una B mayúscula y manuscrita (de las que ofrecemos fragmentos), una suerte de libro en proceso en el que Mastronardi, entre los años 40 y 60, valora y discute la obra de Borges, y que puede ser leída hoy como un documento esencial para comprender el lugar que ocupaba el autor de Ficciones entre sus contemporáneos más luminosos. Es interesante recordar que también Adolfo Bioy Casares tuvo su B. Su Borges, que permanece inédito, es el diario de una amistad incandescente desde el punto de vista literario.
Esos materiales se encontraban en Gualeguay, en casa de un señor Eisse Osman, médico que atendió al poeta hasta días antes de su muerte, producida en Buenos Aires el 5 de junio de 1976, a los 74 años. Junto con ellos se hallaron también otros materiales inéditos o dispersos: cartas, conferencias, artículos periodísticos (Mastronardi vivió toda su vida del periodismo), ensayos y poemas, como éste titulado "Mother o la vejez": "Zaguán sin cartas. Nadie acude./ Al piano, un vals que bailó el 900. Toca ese/ vals, curvada y mínima sobre el teclado./ Disgregación general. Maleza en los patios./ Objetos sin dueño./ Como en la infancia: nada tiene sentido".
El valor de la obra de Mastronardi no está en relación directa con su reconocimiento. Basta releer "Luz de provincia" —parar citar uno de sus poemas más famosos— o "La medalla", uno de los últimos, sobre cuyo asunto pedestre (unos com pañeros de trabajo condecoran al que se jubila) se sostiene el tema del paso del tiempo ("Acuden, pues, a la firmeza/ del oro o del bronce/ para dar ilusoria persistencia/ al incierto recuerdo que vacila"). Allí, otra vez, entre argumentos comunes ("Las cosas que yo nombro no son muchas") y simplezas cotidianas ("Pobre salgo de toda maravilla") se construye una voz grande y singular que, como las de la vanguardia y la de Juan L. Ortiz, le encontró la vuelta a uno de los problemas centrales de la poesía argentina del siglo XX: cómo escribir después del Modernismo.
Mastronardi nació en Gualeguay en 1901. A los 19 años se fue a vivir a Buenos Aires, donde muy pronto hizo amistad con el grupo de poetas y escritores que un par de años después iban a dar forma a la primera agrupación de vanguardia argentina, el martinfierrismo. Pero Tierra amanecida, publicado en 1926 en la misma editorial donde Roberto Arlt publicaba ese mismo año El juguete rabioso, no da con ninguna de las notas de la vanguardia ultraísta: en lugar de metáforas, comparaciones; en lugar de verso libre, combinaciones de endecasílabos, heptasílabos y alejandrinos; en lugar de aeroplanos y prismas, parejas de labriegos y campo. Como señaló Raúl González Tuñón, Mastronardi, contemporáneo de la vanguardia, no formó parte de su núcleo esencial: "En sus poemas se advierte la ausencia del desenfado y el empuje característico del grupo". La vanguardia, sobre todo por el prestigio adquirido posteriormente por buena parte de sus actores (Borges, el mismo González Tuñón, Oliverio Girondo, Marechal) es tal vez el capítulo principal de la historia de la poesía argentina del siglo XX. Mastronardi, relegado de él, pareciera quedar afuera de todo el sistema.
De hecho, en los mismos años 20, estaba más en sintonía con los autores que la vanguardia se imponía relevar, como Lepoldo Lugones, que con sus contemporáneos, lo que le valió un reconocimiento tardío después de publicar en 1937 su tercer libro, Conocimiento de la noche, que contiene "Luz de provincia". Entonces Mastronardi fue revindicado por los poetas que comenzaron a publicar en los años 40. Reunidos en torno de algunas revistas e ideas, entre las que se destacaba el desprecio por lo que entendían una "frivolidad lúdica" del martinfierrismo, estos poetas vieron en Mastronardi a su maestro y precursor. En perspectiva, podemos ver que la falta de peso de los poetas de los 40, que ni siquiera conformaron estrictamente una generación, atentó contra la tardía revalorización de su obra.
Impertérrito, para esa época Mastronardi cultivaba la ironía en las notas bibliográficas que publicaba en la revista Sur, donde iba calibrando su prosa ensayística que años más tarde dio dos productos notables: Valery o la infinitud del método (1955) y Formas de la realidad nacional (1961). En tanto deja de escribir poesía —o escribe mucha menos—, quizá tratando de eludir lo que llamó "el mito de la facilidad obscena": "La poesía lírica, para muchos de sus cultores locales, excluye todo plan y no supone sacrificio alguno. Permite seguir la línea del menor esfuerzo: todo consiste en dejarse llevar. En cambio la narrativa, la crítica, el ensayismo (casi baldíos entre nosotros), exigen tareas preparatorias y desarrollos orgánicos".
Entre 1930 y 1974, Mastronardi llevó adelante una suerte de diario de escritor, publicado póstumamente, en 1984, bajo el título Cuadernos de vivir y pensar. Allí, cuando todavía no tenía 30 años, escribió: "No parecerse a nadie todavía no es parecerse a sí mismo". La primera parte del programa, Carlos Mastronardi ya la había llevado a cabo en muy pocos años, rompiendo los tenues lazos que lo unían con los martinfierristas. La segunda, en cambio, le llevó una vida y una obra. En 1974 anotó: "Por lo general, la literatura refleja el carácter que, a su vez, refleja hábitos y costumbres. Este es el antecedente conservador de la letras. Soy el que fui: tiempo acumulado".
Mastronardi murió dos años más tarde, en 1976. Dejaba una obra que se comenzará a publicar este año de modo completo en tres tomos, organizados cronológicamente según el orden previsto por la compiladora Claudia Rosa. El primero abarca hasta 1937 e incluye lo que ella denomina los "pre-textos" de "Luz de provincia", Tierra amanecida, Conocimiento de la noche, artículos periodísticos, conferencias inéditas y la parte de Cuadernos de vivir y pensar que corresponde a este primer período de su trabajo. El segundo tomo abarca el período 1938-1959 e incluye Valery y la infinitud del método, otros poemas no publicados en libro, el B, algunas conferencias y los artículos publicados en Sur. El tercero toma Formas de la realidad nacional, los Siete poemas, de 1963, Memorias de un Provinciano, de 1967, nuevos poemas inéditos, conferencias y artículos publicados en El Hogar, El Mundo, La Gaceta de Tucumán y La Nación. Su carácter ácrata, personalísimo, fuera de toda voluntad gregaria, no impide leer en el conjunto de estos textos la teoría y la práctica de un primer simbolismo argentino, del que Juan L. Ortiz fue el mayor beneficiario.
Martin Prieto

Biblioteca popular municipal "José Manuel Estrada"

En la localidad de Los Molles, provincia de San Luis, está esta biblioteca popular en medio de la plaza principal. Eran aproximadamente las cinco de la tarde y el pueblo descansaba en su siesta. ¡Hermosa biblioteca!
(al bloger "deluganoalaluna")

A la luna
(1819)


¡Oh, tú, graciosa luna, yo me acuerdo
de que, hace ya un año, a esta colina
vine lleno de angustía a contemplarte!
Y tú te alzabas sobre aquella selva,
como ahora, que toda iluminas.
Mas nebulosa y trémula, del llanto
que vertían mis ojos, a mi vista
se mostraba tu faz; que trabajosa
mi vida era, y no ha cambiado en nada,
¡oh dulcísima luna! Pero gozo
al recordar y enumerar las horas
de mi dolor. ¡Qué grato es en el tiempo
juvenil, cuando es larga la carrera
de la esperanza y breve la memoria,
recordar el pasado, aunque sea triste
y aunque el afán en nuestro pecho dure!


Giacomo Leopardi
(1798-1837)


Poesía y prosa
Biblioteca Básica Universal
Centro editor de América Latina
Buenos Aires, 1968
traducción de Miguel Romero Martínez
(al bloger "deluganoalaluna")

Los reinos graduales


La luna inmemorial te presentaba
sobre el destierro de la piedra fría,
liviana de ciudad y oscura traba,
libre la voz y sola en la poesía.

Graves himnos el bronce propagaba,
pero de pronto el mundo parecía
tan sólo un eco de vehemente aldaba,
y una tierna mirada me construía.

Intensa como el ángel del verano,
los glaciales errores del perdido
ya disipaste por el aire vano.

Victorias del color labran tu imperio
y en las huestes del alba, conmovido,
vuelvo a tu lucidez y a tu misterio.

1961

Carlos Mastronardi
(Gualeguay -Entre Ríos - 1901-1976)
Ediciones Culturales Argentinas
Argentinos en las letras
Buenos Aires, 1962

jueves, 12 de febrero de 2009

sigamos con El maestro ignorante:

¿comprende el niño? No, no comprende. Encontraré nuevas maneras de explicarle, más rigurosas en sus principios, más atractivas en su forma, y verificaré que haya comprendido.

Noble preocupación. Por desgracia, es precisamente esa palabrita, ese mandato de los iluminados -comprender- lo que produce todo el daño. Es la que detiene el movimiento de la razón, destruye su confianza en sí misma, la que desvía de su propio camino al partir en dos el mundo de la inteligencia, ... entre el sentido común y la ciencia. A partir de que se ha pronunciado el mandato de la dualidad, todo perfeccionamiento en la manera de hacer comprender, la gran preocupación de metodistas y progresistas, es un progreso en el embrutecimiento. ...

El azar y la voluntad

Así funciona el mundo de los explicadores explicados. Y así habría funcionado también para el profesor Jacotot, si el azar no lo hubiese puesto en presencia de un hecho. Y Joseph Jacotot pensaba que todo razonamiento debía partir de los hechos y ceder ante ellos. ...
Y el hecho era que esos estudiantes se habían enseñado a hablar y a escribir en francés sin la ayuda de sus explicaciones. No les había transmitido nada de su ciencia, ni explicado las raíces o las flexiones de la lengua francesa. ... los había dejado solos con el texto de Fenelón, una traducción -ni siquiera interlineada, a la manera de los textos escolares- y su voluntad de aprender francés. ... La necesidad lo había obligado a dejar fuera del juego a su inteligencia, esa inteligencia mediadora del maestro que relaciona la inteligencia impresa en las palabras escritas con la del aprendiz. Y, en consecuencia, había suprimido esa distancia imaginaria que es el principio del embrutecimiento pedagógico. ... Comprender nunca es sino traducir, es decir, ofrecer un equivalente de un texto, no su razón. No hay nada detrás de la página escrita, no hay doble fondo que necesite del trabajo de otra inteligencia, la del explicador;... Si los estudiantes habían comprendido la lengua aprendiendo Fenelón, no era simplemente debido al movimiento gimnástico de comparar la página izquierda con la derecha. Lo que cuenta no es la aptitud para ir de una columna a la otra, sino la capacidad de decir lo que uno piensa en palabras de otros.
Pero además, la inteligencia que les había hecho aprender el francés en Telémaco era la misma con la que habían aprendido la lengua materna: observando y reteniendo, repitiendo y verificando, relacionando aquello que buscaban conocer con lo ya conocido, haciendo y reflexionando acerca de lo que habían hecho.
Habían avanzado como no se debe, como los niños, a ciegas, adivinando.
Y entonces se planteó esta pregunta: ¿no era necesario invertir el orden admitido de los valores intelectuales?

¿acaso el vergonzoso método de la adivinanza no era el verdadero movimiento de la inteligencia humana que toma posesión de su propio poder?

Los metodistas oponen el mal método del azar al procedimiento razonado.
"Hay tantas realidades como usted quiera imaginarse"



"Vivimos vidas que se basan en una selección de hechos imaginarios"

Balthazar - Laurence Durrel
Las multitudes

No todos pueden darse un baño de multitudes: gozar de la muchedumbre es un arte; y sólo puede darse un festín de vitalidad, a expensas del género humano, aquel a quien un hada insufló en su cuna el gusto por el disfraz y la máscara, el odio al domicilio, y la pasión del viaje.
Multitud y soledad, términos iguales y convertibles para el poeta activo y fecundo. Quien no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo en medio de una atareada muchedumbre.
El poeta goza del incomparable privilegio de poder ser, a su guisa, él mismo y otro. Como las almas que vagan buscando un cuerpo, entra, cuando quiere, en el personaje de cada uno. Sólo para él, todo está vacío; y si determinados lugares parecen estarle vedados, ello se debe a que, a sus ojos, no merece la pena visitarlos.
El pensativo y solitario paseante obtiene una singular embriaguez de esta comunión universal. Quien se desposa fácilmente con la multitud, conoce gozos febriles, de los que quedarán eternamente privados, el egoísta, cerrado como un cofre, y el perezoso, metido en su interior como un molusco. Abraza como suyas todas las profesiones, todas las alegrías y todas las miserias que la circunstancia le presenta.
Lo que los hombres llaman amor es cosa muy pequeña, restringida y débil, en comparación con esta inefable orgía, con esta santa prostitución del alma que se da por completo, poesía y caridad, a lo que aparece de improviso, a lo desconocido que pasa.
Es bueno en ocasiones enseñar a los satisfechos de este mundo, aunque sólo fuera para humillar por unos instantes su necio orgullo, que hay dichas superiores a las suyas, mayores y más refinadas. Los fundadores de colonias, los pastores de pueblos, los sacerdotes misioneros exiliados en los confines del mundo, sin duda conocen algo de estas misteriosas embriagueces; y, en el seno de esa gran familia formada por su genio, deben reírse alguna que otra vez de quienes los compadecen por su azarosa suerte y por su vida tan casta.

Charles Baudelaire

lunes, 9 de febrero de 2009

Cuestión de tiempo


cuestión de tiempo quizá
de andar en trenes
de encontrar a la luz del sol
la guerra y la paz
el camino que lleva al hermano
al enemigo
cuestión de tiempo
la música vendrá
un tribunal enjuiciará tu miedo tu pobreza
y otro mañana de distinto modo
al vagabundo que se extravía balbuceando
el idioma que hablarán los hombres
cuestión de tiempo
colonizadores de la riqueza y la claridad
en todos hablará el difícil amor
la transparencia
pero siempre el vértigo
extenderá sombras sobre los senderos
abrirá cielos sobre las voces y el silencio
y hombres solos
mujeres solas
hablarán sin amparo
sin encontrar la palabra apropiada
el nombre de la noche

Edgar Bayley

sábado, 7 de febrero de 2009

En la luz que da a una calle sin sombra
está el reflejo
de unos ojos sin descanso

triste mirada

c.g.
Si se pensara en bajar del tren
¿cuál es la verdad, cuál es la realidad?
La del que se queda parado en la estación
o la del que sigue su vida en el vagón?
¿cuál es el camino? seguir o parar?

c.g.

viernes, 6 de febrero de 2009

Biblioteca popular Lugones - Merlo (San Luis) barrio Piedra Blanca



En esta Casa iba Leopoldo Lugones a descansar y a escribir. Merlo -San Luis- barrio de Piedra Blanca.
pero los enfermos mentales ¿de qué mente están enfermos?
La una o de la otra.

osvaldo Lamborghini
Los poetas se acercan de algún modo a la verdad,
eso es algo que nadie puede negar.

Joseph Conrad - "El alma del guerrero"

viernes, 23 de enero de 2009

Música nocturna - Carlos Mastronardi

Música nocturna

Dotado de tu gracia,
ya sereno en la tarde generosa,
sabiendo que estos días merecen recordarse,
siempre dispuesto a regresar temprano,
según suelo decirme cuando arrecia el trabajo
y resuena en la vieja redacción
la plenitud del mundo;
así, como sujeto a la delicia,
vecino del invierno en que un jardín reluce
(hoy faltó un compañero; sin embargo,
sospecho que podremos cenar juntos),
busco el abrigo levantado entre árboles,
el querido refugio vuelto al cielo
donde el mundo es dichosa simetría
y la humana blancura funda el verso.

Pienso -la noche es grata- que no vale la pena
dilatar el horario que uno cumple
por triste obligación, cuando la sombra
y la quietud esperan, allá en el barrio amable,
ahora agasajado por la fronda.
Vuelvo a sentir el cielo entre los árboles
de la calle apagada, ya del lucero y mía,
y una dulce costumbre me deja en esta puerta
que es la octava a contar desde el puente rojizo.
Aquí el jazmín, allí el viejo grabado
que trajera un amigo
-ya no recuerdo la ocasión ni el tiempo-
quizá como regalo de cumpleaños,
y que ahora confirma el orden íntimo
y enlaza, persistente, la realidad al alma.

Otra vez este azul y esos vasos de cobre
y la quietud como suspensa en flores,
en cuya grave hondura mis latidos
y tus pasos ligeros se confunden.
Digo entonces que acaso sería bueno llevar
la mesita al balcón
escondido en el próspero follaje,
donde la fresca brisa del río ya divaga.
La vasta noche te alza y te recrea
para el huésped callado de tus ojos,
en tanto la hora viva entre racimos
y apasionados libros y humo lento
discurre con encanto hasta la aurora,
y fiel a la delicia sobrevive
en la secreta paz, la intensa lámpara.

Reluce venturosa la alta joya
en el fondo del íntimo sosiego,
y mientras anda ya en la lejanía
el carro tempranero,
y comento algún hecho que los diarios registran,
siento la vecindad de tu esplendor
que aplaza los trabajos
prometidos en vano para uno de estos días.
La rosa de mirarte arde en silencio,
y el ávido minuto une las manos,
mueve un cielo que gira como en sueños,
desordena collares y atavíos
y es instantáneo dios que borra el mundo.
Aquí está, milenario y sin embargo vívido,
el sincero animal que yo arrojo a tus noches.

Crece un sol balanceado por la fronda.
Entre tu frente y la mañana ruedo
por calladas praderas donde el tiempo
se desprende y aparta de los cuerpos.
Un pájaro resuelve su ternura
en un silbido que repuebla el mundo.
Vibran tus pies livianos de otra noche,
y con ojos vencidos, frente a la luz primera,
quietamente buscamos
nuestros desiertos reinos paralelos.
Semejante al marino ya devuelto a la playa
donde yace y olvida, sólo es dulce abandono
el alma que a tu cielo pidió el rayo.
Allí quedan, tenaces como el oro,
tu serena hermosura y la mañana.

De Siete poemas.